Salida de emergencia

bésame en este arco

Hay puertas que da miedo atravesar,

como la que lleva a las emociones del corazón.

Entrar en una misma es descubrir todo lo que un día dolió

y aún se encuentra agazapado en una esquina,

sin estorbar,

pero esperando olvido.

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Escribir escribe escribiendo

Escribir escribe

Escribir duele

porque connotan demasiado algunas palabras.

Escribir cura

porque acuna la tristeza.

 

Escribir condena

porque convierte en inmortales los recuerdos.

Escribir libera

porque deja que se escapen las emociones.

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Mañana será otro día

Hoy es domingo y,

como una costumbre,

me nacen letras haciendo actividades cotidianas.

No he dejado de escribir.

Las ideas, a veces, van tan rápidas

que no consigo recogerlas.

Otras, he escrito sobre cuadernos que guardan viejas historias.

Reviso las palabras y me gusta lo que escribo.

No me ocurre lo mismo con la persona que lo hace,

como si no reconociese a quien pretende inventar versos.

Aunque sepa exactamente de dónde surgen.

Y tampoco me guste.

Hay emociones a las que a una no le gustaría pasar ni de puntillas.

Y no es dolor, ni tristeza, ni pena, ni miedo, ni vacío…

No es nada de eso y es todo eso a la vez.

Hay dos mujeres en mí que escriben sin saber por qué ni para qué:

quizás encontrarse en un momento sin nombre;

tal vez huir a un futuro aún no inventado.

Acercarse. Alejarse.

Alejarse. Acercarse.

La de hoy siente que ha conquistado la serenidad

que hacía semanas que no la visitaba.

Pero mañana…Mañana será otra día.

Ciudad

 

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Pienso muchas tardes en perderme por tus calles.

Crear un mapa que me guíe a visitarte

de norte a sur y de este a oeste.

Adentrarme en tus parques,

observar las grietas del paso de los años,

admirar las pintadas de tus paredes.

Sofocarme en tu calor

y abrigarme en pasadizos cuando llegue el invierno.

Sentarme cuando invites al descanso.

Sonreír ante cada descubrimiento.

Emocionarme con tus historias.

Vivirte, desde ahora,

sin lamentar que no compartimos la palabra pasado.

Me mojaré los pies en tu mar

hasta estar preparada para bucear tus playas.

 

Pienso muchas tardes en cómo sería conocerte.

El deseo deseado.

 

Un hogar, un refugio,

un lugar donde quedarse a pasar el tiempo…

 

Tu cuerpo es una ciudad.

Y el destino de todos mis viajes.

 

 

Lluvia

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Llueve.
Lueve en las calles y se incendian.
Llueve en el mar y ruge.
Lueve sobre el cristal y me rompo.

Llueve.
Llueve sobre mi espalda.
Llueve bajo mis párpados.
Llueve y se me empapa el alma.

Cada gota me recuerda la distancia que nos separa,
en segundos,
y estoy a tantos días de ti
que no habrá verano que salve nuestra frialdad.

Cada gota me recuerda la distancia que nos separa,
en segundos,
y queda tan lejos el verano
que el invierno, aún por llegar, ya es insoportable.

Llueve.
LLueve en las flores y se marchitan.
Llueve en la vida y se frena.
Llueve bajo el cielo y solo cae soledad.

Llueve.
Llueve nostalgia sobre mis recuerdos.
Llueve tristeza en mis heridas.
Llueve y se me inunda el corazón.

Perdóname por desatarte la tormenta.
Perdóname por calarte hasta los huesos
de la historia que creí.

Perdóname por no saber parar este aguacero.
Perdóname por dejarme calar hasta los huesos
                                                                                      de ti.

El sentimiento complicado

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Qué fácil hubiese sido decir te quiero

y esperar que tu respuesta me rompiera en mil pedazos.

 

Pero es que no era solo eso.

 

No podía permitir que las palabras,

a mí,

me hiciesen saltar por los aires.

 

No era solo eso.

Y no era solo así.

 

Simplificar las emociones nunca se me dio bien.

Complicar lo sencillo, sí.

 

Por eso me hubiese gustado explicarte lo difícil.

 

Y lo difícil era contarte que asustaste a mis temores con pausada felicidad;

y que aunque la alegría siempre me hizo temblar de miedo,

estaba dispuesta a enfrentarme a todos los fantasmas.

 

Lo difícil era decirte que aunque tu mar proponía navegar a la deriva,

mi brújula sentía que había encontrado el rumbo más allá de tus orillas.

 

Lo difícil era expresar que con la vida del revés

yo empezaba a curarme la desgana,

que ahora que todo estaba patas arriba

se me estaban borrando las cicatrices.

 

Ahora la poesía no para de hablarme de amor

y yo me resguardo en ella

para gritar lo que nunca me atreví a decir.

 

Pero la poesía planea su venganza contra mí y es a ti a quien salva.

 

Hoy la poesía te protege de que yo me atreva a escribirte el último verso.

 

Y todavía, no.

 

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Vida y viaje

Se me ha caído, sin esperarlo, el pasado encima,
como si fuese la maleta mal colocada de un tren que no resiste el más mínimo vaivén.

Es así.

No sabemos encontrarle sitio a lo que sucedió.
Lo guardamos a empujones en cualquier rincón – aunque no encaje- y por eso termina apareciendo con cada cambio de estación.

– ¿Qué nos pasó? – Me pregunto.

La vida, me respondo a mí misma sin apreciar lo que me dice mi conciencia.

Ya sí.

Nos pasó la vida, que a veces viaja en alta velocidad.