Domingo en blanco

Con los pies en la tierra se han esfumado los poemas de mi cabeza.
Me han abandonado las palabras
al mismo tiempo que voy dejando atrás mis pasiones ocultas,
secretos tan guardados que ya,
ni si quiera yo,
soy capaz de hallarlos.
He escapado de los dictados del corazón
y las manos han dejado de susurrarme versos.
Ni la libertad de métrica salvan este domingo en blanco,
vacío,
como un lienzo aún por estrenar.
¡Qué difícil contener el llanto,
soportar el abandono de la inspiración,
vivir sin que las letras fluyan!
La solución única, placer indeseado.
Sentir, aunque duela.
Ahora, después.
Siempre.
Solo eso permitirá que las ideas vuelvan a volarme el sentido.

Qué sería…

mar niebla

Qué sería de mí sin ti.

Qué sería del huracán si no lo encerrase

entre páginas en blanco antes de que pudiese arrasar con todo.

Qué sería de la soledad si no la abrazase

como la oportunidad de crearme y ser en mi peculiar universo.

Qué sería de la tristeza si mi mente no viajase al mar,

allí donde mis emociones sienten las caricias perdidas

y el dolor se abriga en orillas saladas.

Qué sería de la alegría si no la hiciese inmortal en las palabras,

el recuerdo feliz que viaja libre de nostalgia,

el éxtasis de rememorar el instante en el que mis alas me hicieron llegar hasta la cima.

Qué sería del miedo si no dejara volar todo aquello que me asusta,

negándole rincones en mi pensamiento y en mi alma,

invitándole a sentirse incómodo en mi vida.

Qué sería del amor si no se escribiese sobre él,

el sentimiento inagotable al ser descrito,

el misterio de ser único en cada historia.

Qué sería del desamor si no se llorase en palabras,

deshaciendo el puzle de sensaciones frágiles atrapados en la garganta,

marcado por un reloj que hará desvanecerse todas las piezas.

 

Qué sería de mí, de mi libertad, sin ti.

Cómo haría justicia de mí misma sin ti.

Qué sería de mí sin ti, poesía.

VERSOS DE NAVIDAD

La navidad es como una ventana.

Estos días nos asomamos a nuestros recuerdos.

Rememoramos aquello que nos cambió,

lo que nos dolió,

los momentos que nos enseñaron,

sonreímos cuando regresan los instantes en los que fuimos felices…

Son esos recuerdos a los que tenemos que aferrarnos para soportar los días tristes;

son las personas que los provocaron las banderas que deberían ondear siempre en nuestra vida.

La navidad es como una ventana.

Es el tiempo de abrirla para permitir que nos alcancen nuevas ilusiones, nuevas metas, etapas mejores…

Soñar. Permitirnos imaginar y anhelar con libertad.

Soñar que el nuevo año nos dejará cumplir nuestros deseos.

Disfrutar del camino, de la compañía, de las emociones.

Y vivir.

Sobre todo, eso:

que la vida nos permita vivirla como queramos.

Mañana será otro día

Hoy es domingo y,

como una costumbre,

me nacen letras haciendo actividades cotidianas.

No he dejado de escribir.

Las ideas, a veces, van tan rápidas

que no consigo recogerlas.

Otras, he escrito sobre cuadernos que guardan viejas historias.

Reviso las palabras y me gusta lo que escribo.

No me ocurre lo mismo con la persona que lo hace,

como si no reconociese a quien pretende inventar versos.

Aunque sepa exactamente de dónde surgen.

Y tampoco me guste.

Hay emociones a las que a una no le gustaría pasar ni de puntillas.

Y no es dolor, ni tristeza, ni pena, ni miedo, ni vacío…

No es nada de eso y es todo eso a la vez.

Hay dos mujeres en mí que escriben sin saber por qué ni para qué:

quizás encontrarse en un momento sin nombre;

tal vez huir a un futuro aún no inventado.

Acercarse. Alejarse.

Alejarse. Acercarse.

La de hoy siente que ha conquistado la serenidad

que hacía semanas que no la visitaba.

Pero mañana…Mañana será otra día.

Lluvia

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Llueve.
Lueve en las calles y se incendian.
Llueve en el mar y ruge.
Lueve sobre el cristal y me rompo.

Llueve.
Llueve sobre mi espalda.
Llueve bajo mis párpados.
Llueve y se me empapa el alma.

Cada gota me recuerda la distancia que nos separa,
en segundos,
y estoy a tantos días de ti
que no habrá verano que salve nuestra frialdad.

Cada gota me recuerda la distancia que nos separa,
en segundos,
y queda tan lejos el verano
que el invierno, aún por llegar, ya es insoportable.

Llueve.
LLueve en las flores y se marchitan.
Llueve en la vida y se frena.
Llueve bajo el cielo y solo cae soledad.

Llueve.
Llueve nostalgia sobre mis recuerdos.
Llueve tristeza en mis heridas.
Llueve y se me inunda el corazón.

Perdóname por desatarte la tormenta.
Perdóname por calarte hasta los huesos
de la historia que creí.

Perdóname por no saber parar este aguacero.
Perdóname por dejarme calar hasta los huesos
                                                                                      de ti.

El sentimiento complicado

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Qué fácil hubiese sido decir te quiero

y esperar que tu respuesta me rompiera en mil pedazos.

 

Pero es que no era solo eso.

 

No podía permitir que las palabras,

a mí,

me hiciesen saltar por los aires.

 

No era solo eso.

Y no era solo así.

 

Simplificar las emociones nunca se me dio bien.

Complicar lo sencillo, sí.

 

Por eso me hubiese gustado explicarte lo difícil.

 

Y lo difícil era contarte que asustaste a mis temores con pausada felicidad;

y que aunque la alegría siempre me hizo temblar de miedo,

estaba dispuesta a enfrentarme a todos los fantasmas.

 

Lo difícil era decirte que aunque tu mar proponía navegar a la deriva,

mi brújula sentía que había encontrado el rumbo más allá de tus orillas.

 

Lo difícil era expresar que con la vida del revés

yo empezaba a curarme la desgana,

que ahora que todo estaba patas arriba

se me estaban borrando las cicatrices.

 

Ahora la poesía no para de hablarme de amor

y yo me resguardo en ella

para gritar lo que nunca me atreví a decir.

 

Pero la poesía planea su venganza contra mí y es a ti a quien salva.

 

Hoy la poesía te protege de que yo me atreva a escribirte el último verso.

 

Y todavía, no.

 

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Lo que no será

He conocido el sentimiento de nostalgia

hacia lo que ya no será. Nunca.

Demasiadas veces.

Pero siempre es distinto.

 

La nostalgia de ti

me ha situado en un túnel

sin boca de salida.

Resulta curioso,

ha sido como entrar en la tuya,

sin rozar tus labios

y sabiendo que me perdería en los kilómetros de tus palabras.

 

La nostalgia de ti

es como un día en el que el sol no cura la tristeza.

Pero quema.

Arde lo irrealizable en mis pensamientos,

en una confusión de dolor y deseo.

 

La nostalgia de ti

es sinónimo de desgana.

Caminar sin decidir,

inconscientes los pasos

que me llevan a levitar en el abismo,

en la garganta de tu precipicio.

 

La nostalgia de ti es ausencia.

De mí.