El último del año

el palmar
Caños de Meca. Diciembre de 2019.

El último poema del año

me gustaría que fueras tú.

Hacer figuras literarias sobre tu piel.

Versar cada rincón de tu cuerpo.

 

Sin embargo,

el último poema del año,

si es que realmente lo fuese,

no tiene nada de especial.

 

Es un poema hecho de otros poemas.

Un verso de cada uno de los que escribí este año.

Otros poemas que tampoco fuiste tú,

aunque estuvieses en todos.

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VERSOS DE NAVIDAD

La navidad es como una ventana.

Estos días nos asomamos a nuestros recuerdos.

Rememoramos aquello que nos cambió,

lo que nos dolió,

los momentos que nos enseñaron,

sonreímos cuando regresan los instantes en los que fuimos felices…

Son esos recuerdos a los que tenemos que aferrarnos para soportar los días tristes;

son las personas que los provocaron las banderas que deberían ondear siempre en nuestra vida.

La navidad es como una ventana.

Es el tiempo de abrirla para permitir que nos alcancen nuevas ilusiones, nuevas metas, etapas mejores…

Soñar. Permitirnos imaginar y anhelar con libertad.

Soñar que el nuevo año nos dejará cumplir nuestros deseos.

Disfrutar del camino, de la compañía, de las emociones.

Y vivir.

Sobre todo, eso:

que la vida nos permita vivirla como queramos.

PLAYA DE INVIERNO

Te sueño.
Te presentas en mis madrugadas
y es el resto del día lo que me desvelas.
En mis horas oníricas
todo parece como ayer.
O quizás,
es la necesidad de convertirte en realidad.
Otra vez.

Deseo de futuro inmediato,
de hablar en plural,
de compartir y compartirnos,
aún sabiendo que nosotros
tenemos la costumbre de vivir en singular.
Me basta.
Tú. Y yo.

No podré dejar de imaginarte hoy.
O será que esta playa de invierno
me devuelve los recuerdos
que todavía no he conseguido ahogar.
Ni en lágrimas ni en mar.
Y aquí estoy,
dejándome acariciar por la brisa
y soportando el baño de realidad.

Perdóname

otoño

Perdóname las ganas de demorarme donde ya no queda nada.

Perdóname el otoño que convertí en invierno y no volverá a mi calendario.

Perdóname la tristeza instalada que aún deambula en sombras y madrugadas.

Perdóname las jornadas de puertas abiertas que le permití a los recuerdos.

Perdóname el desastre de extraviarme en mi propio laberinto.

 

Perdóname tú, que soy yo misma,

ahora que no sé dónde me encuentro.

Perdóname tú, que soy yo misma,

si todavía sabes quién eres…

y quién soy.

Escribir escribe escribiendo

Escribir escribe

Escribir duele

porque connotan demasiado algunas palabras.

Escribir cura

porque acuna la tristeza.

 

Escribir condena

porque convierte en inmortales los recuerdos.

Escribir libera

porque deja que se escapen las emociones.

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