Capitán Veneno

Capitán Veneno
Foto: Dos de abril fotografía

“Llegó la hora que nunca he querido que llegue, y es que el verdugo no aguanta delirios tan largos, dice que cierre los ojos, que mire para mi pueblo…”. Un pueblo que llora, que enmudece.

Mi corazón me pide juntar letras. Desde el respeto y la más profunda admiración. Desde el agradecimiento.

Escribiste que “la muerte es una playa con cara de pena”; hoy, ni tu mar nos quitaría esta tristeza extraña: la de quienes nunca te conocimos; la de quienes, sin embargo, te teníamos en nuestra vida como una presencia constante, a través de la música, la poesía, por medio del “mismo truco, el que nunca me falla, el que siempre me sale, apriétame el corazón y verás cómo estallan los carnavales”.

Unos carnavales con los que me reconcilié gracias a Araka la Kana, aquella revolución hecha canción que nos animaba a que cuando llegase febrero se aparcase el tiempo, ese al que definiste como “el verdugo justiciero, el más viejo y el más joven y que nunca me lo roben que lo tengo más que a él”. Cuántos quisiéramos detenerlo hoy.

Recorrí “Cádiz, tacita de plata, la isla encerrada, entre el viento y el mar, la de las calles estrechas, la de la Alameda pintada de azul” a través de tus versos porque “en el mundo no hay ciudad donde los hombres, vengan al mar por cien mil puntos cardinales, y se les meta por la cama, y por la calle y por el alma”. Ciudad de alma rota en esta tarde.

Escucho tus coplas eternas sujetándome el corazón. Más inmortales ahora. Como aquella comparsa en la que no pudimos evitar enamorarnos de ti aun sabiendo que hay “malditos amores que ojalá no hubiera”. Pero es que traías siempre “una vez más, una historia de la que nos gustan a los dos, pero diferente porque no tiene final, para que el final se lo pongamos tú y yo y podamos aun soñar que el mundo puede cambiar”.

Eso también nos lo has dejado, las ganas de luchar “si algún día la alegría te abandona, y el cielo al despertar parece triste, y el miedo a perder te devora, y el odio otra vez anda libre”. Resistir cuando el mundo es un desastre. Y es que “ser rebeldes con los que mandan, no es una falta de educación” y lo que “falta en el mundo es un cambio de rumbo de la dirección de la humanidad”.

Recuerdo la sabia ironía que nos regalaste, las carcajadas por tus cuplés llevados hasta el extremo. Bien sabías que “hace falta la sonrisa descalza, la sonrisa contagiosa y caliente, la sonrisa que es como la esperanza y la sonrisa inocente. Sonrisa que es como la luz del faro de la humanidad”.

En esta noche de bohemia “de corazón y de maneras infinitas” voy a creer “en la vida eterna de los carnavales” y aunque esta locura “ya no se cura” me gustaría saber cómo nos vamos a curar del carnaval sin ti.

“Tu corazón, un capitán. Y tu capitán… Veneno.

Y cuando tienes el veneno tan dentro de ti,

sólo te queda volver a nacer o morir”.