Escribo

Escribo en los días tristes de otoño,
la tormenta cae sobre las letras.
El dolor se hace voz, ahoga al llanto.
La emoción deja brotar las palabras,
incluso aquellas que cuentan
lo que nuestra cobardía nos impide decir.

Escribo ante los instantes de felicidad,
los sueños se perpetúan entre líneas.
La alegría suena, escapa la risa.
La caligrafía huye de trazos lánguidos
y en mayúsculas narra
lo que la vida ofrece a cada paso.

Escribo bajo el dictado de tus labios,
los signos se convierten en literatura.
Las ideas vuelan, refugian los cuadernos.
La fugacidad se torna infinita
y en tus gerundios se balancea
el tiempo que nunca perdimos.

Multiverso (el universo poético de una historia)

Se me ha atravesado un poema

que escribe líneas

en las que nada encaja.

Ya no es como antes,

cuando rimábamos en consonante

y saltábamos los espacios en blanco

entre las palabras de aquellos versos

que se componían a ritmo de latidos.

En aquel camino, las letras

nunca se rebelaron contra nosotros.

Los números, en cambio, sí.

Cuando las cuentas no salían,

y la distancia se extenuaba a base de kilómetros,

nos sujetábamos en paralelismos.

La manera de conseguir que todo concordase.

Sin diéresis ni sinéresis

nuestra métrica resultaba exacta.

Huíamos de ironías y descansábamos en metáforas.

Igual que mi boca en reposo sobre tus labios.

En los puntos suspensivos

perdíamos el equilibrio

sin darnos por vencidos.

Continuaba nuestra poesía,

aquella que fusionaba emociones

y manifestaba libertad.

Creencia en la creación.

Al llegar al punto final

caíamos al vacío.

El fin de los versos,

el inicio de los cuerpos.

Dos queriendo ser uno.

Dos, instantes después, siendo uno.

Entonces, alegoría.

Y Carpe Diem.