Ahí será

Cuando la vida parezca un rompecabezas.
Y la esperanza una utopía lejana.
Ahí será.

Cuando la soledad abandone.
Y no sea posible más vacío.
Ahí será.

Cuando el mundo se convierta en desierto.
Y los oasis no den tregua.
Ahí será.

Cuando el invierno devore al verano.
Y existan solo los domingos por la tarde.
Ahí será.

Cuando el pasado se haga presente.
Y recuerde todas sus ruinas.
Ahí será.

Cuando la piel se muestre sedienta.
Y se hayan secado todos los manantiales.
Ahí será.

Cuando los labios se agrieten de frío.
Y los besos que ardían se derritan.
Ahí será.

Cuando el cuerpo estorbe.
Y el corazón sobre.
Ahí será.

Cuando las palabras rompan.
Y los silencios hagan ruido.
Ahí, comenzará la poesía.

Lobos

Me he sentado a mirar el cielo
como otras noches,
como otras lunas,
como la reciente vez,
como la última llena.

Allí, entonces,
como dos lobos
aullamos a la vida,
a la oscuridad,
al pasado donde no fuimos,
a los recuerdos que no quieren olvido.

Llanto salvaje, ternura feroz.
Y un deseo despiadado:
acabar con los amaneceres.

Solo en la nocturnidad
podríamos ser libres, animales, nosotros…
Tan nosotros.

Pero esta madrugada ha escuchado,
de nuevo, mis aullidos
como música en el silencio,
como plenitud entre tanto vacío,
como rebeldía en la sumisión.

Y eso es lo que nos queda:
el grito callado, solitario, vagabundo,
de una desierta noche.

Tiempos

Hoy el reloj juega con nosotros a la realidad imposible.
Nos quiere hacer creer que todo es distinto.
Pero nada ha cambiado.
Es otro domingo al que le pesa la memoria.


En el silencio de la madrugada
ha vuelto a sonar tu recuerdo.
Aquello que fue,
sin nombre y, al final, casi sin palabras,
ha traído a mi almohada un insomnio insoportable.
Se ha deslizado por mis sábanas el invierno
y me ha dejado un iceberg por corazón.
He temblado de frío.
De camino a mis mejillas se me helaron las lágrimas.
Mi labios no han podido saciar las ganas de beberse esta tristeza.
He temblado de nuevo. Otra vez frío.


Y miedo.


Ya no sé si habrá olvido que pueda contigo.
Tampoco si habrá presente que me deje ser.
Conmigo.
Ahora.
Porque cuando había conseguido equilibrar mis latidos,
ajustar el pulso a mis pasos,
soportar el avance de los tic tac,
han regresado las horas que tantas veces me destrozaron.
Las mismas; exactas a las del pasado.
Y es que aquí,
donde nada se ha transformado,
el caos también es el de entonces.
O, al menos, se le parece.

Origen

Se nos olvida, a menudo, que la felicidad también regresa.

Transformada en persona, lugar, momento.
La reconocerás porque mientras dure, sea un instante o una docena de meses, no serás consciente de lo único imbatible: el tiempo.
Tampoco te importará si es domingo o viernes, si luce el sol o está lloviendo:
los días perderán su nombre, siempre habrá luz.
¿Y qué diferencia habrá entre la noche y la mañana? Apenas el color del cielo.
Abandonarás la palabra nostalgia en cualquier calle.
Dejarás de hacer viajes al pasado escuchando aquella canción.
No habrá espacio en tu almohada para los recuerdos.

Se nos olvida, a veces, que la felicidad también vuelve.
Solo hay que esperarla apoyada en la puerta.
Déjala que pase.
Y que ella sea lo único que pase.

Treinta días de escritura

DÍA 1. ME ACUERDO

Me acuerdo de mí misma.

Tiempo atrás

pero no lo suficiente lejos en la memoria.

Envuelta en ráfagas de rabia,

con la convicción de querer ser valiente,

de dejar atrás los miedos,

prometiéndome ser capaz de todo.

Me acuerdo de mí misma

planificando un estío sin hastío.

Hoy es verano. (Sobrevalorado).

El verano de siempre.

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