Ciudad

 

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Pienso muchas tardes en perderme por tus calles.

Crear un mapa que me guíe a visitarte

de norte a sur y de este a oeste.

Adentrarme en tus parques,

observar las grietas del paso de los años,

admirar las pintadas de tus paredes.

Sofocarme en tu calor

y abrigarme en pasadizos cuando llegue el invierno.

Sentarme cuando invites al descanso.

Sonreír ante cada descubrimiento.

Emocionarme con tus historias.

Vivirte, desde ahora,

sin lamentar que no compartimos la palabra pasado.

Me mojaré los pies en tu mar

hasta estar preparada para bucear tus playas.

 

Pienso muchas tardes en cómo sería conocerte.

El deseo deseado.

 

Un hogar, un refugio,

un lugar donde quedarse a pasar el tiempo…

 

Tu cuerpo es una ciudad.

Y el destino de todos mis viajes.

 

 

Lluvia

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Llueve.
Lueve en las calles y se incendian.
Llueve en el mar y ruge.
Lueve sobre el cristal y me rompo.

Llueve.
Llueve sobre mi espalda.
Llueve bajo mis párpados.
Llueve y se me empapa el alma.

Cada gota me recuerda la distancia que nos separa,
en segundos,
y estoy a tantos días de ti
que no habrá verano que salve nuestra frialdad.

Cada gota me recuerda la distancia que nos separa,
en segundos,
y queda tan lejos el verano
que el invierno, aún por llegar, ya es insoportable.

Llueve.
LLueve en las flores y se marchitan.
Llueve en la vida y se frena.
Llueve bajo el cielo y solo cae soledad.

Llueve.
Llueve nostalgia sobre mis recuerdos.
Llueve tristeza en mis heridas.
Llueve y se me inunda el corazón.

Perdóname por desatarte la tormenta.
Perdóname por calarte hasta los huesos
de la historia que creí.

Perdóname por no saber parar este aguacero.
Perdóname por dejarme calar hasta los huesos
                                                                                      de ti.

El sentimiento complicado

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Qué fácil hubiese sido decir te quiero

y esperar que tu respuesta me rompiera en mil pedazos.

 

Pero es que no era solo eso.

 

No podía permitir que las palabras,

a mí,

me hiciesen saltar por los aires.

 

No era solo eso.

Y no era solo así.

 

Simplificar las emociones nunca se me dio bien.

Complicar lo sencillo, sí.

 

Por eso me hubiese gustado explicarte lo difícil.

 

Y lo difícil era contarte que asustaste a mis temores con pausada felicidad;

y que aunque la alegría siempre me hizo temblar de miedo,

estaba dispuesta a enfrentarme a todos los fantasmas.

 

Lo difícil era decirte que aunque tu mar proponía navegar a la deriva,

mi brújula sentía que había encontrado el rumbo más allá de tus orillas.

 

Lo difícil era expresar que con la vida del revés

yo empezaba a curarme la desgana,

que ahora que todo estaba patas arriba

se me estaban borrando las cicatrices.

 

Ahora la poesía no para de hablarme de amor

y yo me resguardo en ella

para gritar lo que nunca me atreví a decir.

 

Pero la poesía planea su venganza contra mí y es a ti a quien salva.

 

Hoy la poesía te protege de que yo me atreva a escribirte el último verso.

 

Y todavía, no.

 

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Vida y viaje

Se me ha caído, sin esperarlo, el pasado encima,
como si fuese la maleta mal colocada de un tren que no resiste el más mínimo vaivén.

Es así.

No sabemos encontrarle sitio a lo que sucedió.
Lo guardamos a empujones en cualquier rincón – aunque no encaje- y por eso termina apareciendo con cada cambio de estación.

– ¿Qué nos pasó? – Me pregunto.

La vida, me respondo a mí misma sin apreciar lo que me dice mi conciencia.

Ya sí.

Nos pasó la vida, que a veces viaja en alta velocidad.