Ahí será

Cuando la vida parezca un rompecabezas.
Y la esperanza una utopía lejana.
Ahí será.

Cuando la soledad abandone.
Y no sea posible más vacío.
Ahí será.

Cuando el mundo se convierta en desierto.
Y los oasis no den tregua.
Ahí será.

Cuando el invierno devore al verano.
Y existan solo los domingos por la tarde.
Ahí será.

Cuando el pasado se haga presente.
Y recuerde todas sus ruinas.
Ahí será.

Cuando la piel se muestre sedienta.
Y se hayan secado todos los manantiales.
Ahí será.

Cuando los labios se agrieten de frío.
Y los besos que ardían se derritan.
Ahí será.

Cuando el cuerpo estorbe.
Y el corazón sobre.
Ahí será.

Cuando las palabras rompan.
Y los silencios hagan ruido.
Ahí, comenzará la poesía.

Soledad urbana

Vuelve a hacerse de noche demasiado pronto.
A horas que no le corresponde.
Entonces el silencio cae sobre ella.
Un silencio que retumba
y recuerda a un pasado cercano
que creíamos superado.

A veces, a lo lejos, el motor de un coche
me devuelve al instante actual,
a la vida anormal llena de normas.
Observo los edificios:
las persianas bajadas,
las ventanas cerradas,
metáfora de la huida de la realidad
que todos necesitamos.

Otra vez el refugio entre cuatro paredes,
la tarea de acomodarse a la propia piel,
la memoria como compañera de piso,
el susurro de pensamientos que atormentan,
la pregunta, futura, de cómo será cuando todo vuelva a ser.

Como colofón, esta existencia rara, haciéndose costumbre
en unos días que no reconocemos.
Ni nos reconocen.
Y en un mundo que no hubiésemos querido conocer.

Viento

Efímeras, temporales,
infinitas, inconmensurables,
versátiles, inconstantes,
esporádicas, variables,
inalcanzables, lejanas,
próximas, inmediatas,
voladoras, viajeras,
eternas, duraderas,
traidoras, rebeldes,
leales, incondicionales,
trágicas, insignificantes,
vivas, importantes,
libres, independientes,
prisioneras, cautivas.

Vulnerables en la tormenta,
inquebrantables en la calma,
un sueño en el aire,
una realidad en el calendario.

Así.
Como las nubes en una mirada
son a veces, casi siempre,
las palabras en los labios.

Y a las dos
se las lleva el viento.

Tiempos

Hoy el reloj juega con nosotros a la realidad imposible.
Nos quiere hacer creer que todo es distinto.
Pero nada ha cambiado.
Es otro domingo al que le pesa la memoria.


En el silencio de la madrugada
ha vuelto a sonar tu recuerdo.
Aquello que fue,
sin nombre y, al final, casi sin palabras,
ha traído a mi almohada un insomnio insoportable.
Se ha deslizado por mis sábanas el invierno
y me ha dejado un iceberg por corazón.
He temblado de frío.
De camino a mis mejillas se me helaron las lágrimas.
Mi labios no han podido saciar las ganas de beberse esta tristeza.
He temblado de nuevo. Otra vez frío.


Y miedo.


Ya no sé si habrá olvido que pueda contigo.
Tampoco si habrá presente que me deje ser.
Conmigo.
Ahora.
Porque cuando había conseguido equilibrar mis latidos,
ajustar el pulso a mis pasos,
soportar el avance de los tic tac,
han regresado las horas que tantas veces me destrozaron.
Las mismas; exactas a las del pasado.
Y es que aquí,
donde nada se ha transformado,
el caos también es el de entonces.
O, al menos, se le parece.

Origen

Se nos olvida, a menudo, que la felicidad también regresa.

Transformada en persona, lugar, momento.
La reconocerás porque mientras dure, sea un instante o una docena de meses, no serás consciente de lo único imbatible: el tiempo.
Tampoco te importará si es domingo o viernes, si luce el sol o está lloviendo:
los días perderán su nombre, siempre habrá luz.
¿Y qué diferencia habrá entre la noche y la mañana? Apenas el color del cielo.
Abandonarás la palabra nostalgia en cualquier calle.
Dejarás de hacer viajes al pasado escuchando aquella canción.
No habrá espacio en tu almohada para los recuerdos.

Se nos olvida, a veces, que la felicidad también vuelve.
Solo hay que esperarla apoyada en la puerta.
Déjala que pase.
Y que ella sea lo único que pase.