Perdóname

otoño

Perdóname las ganas de demorarme donde ya no queda nada.

Perdóname el otoño que convertí en invierno y no volverá a mi calendario.

Perdóname la tristeza instalada que aún deambula en sombras y madrugadas.

Perdóname las jornadas de puertas abiertas que le permití a los recuerdos.

Perdóname el desastre de extraviarme en mi propio laberinto.

 

Perdóname tú, que soy yo misma,

ahora que no sé dónde me encuentro.

Perdóname tú, que soy yo misma,

si todavía sabes quién eres…

y quién soy.

Salida de emergencia

bésame en este arco

Hay puertas que da miedo atravesar,

como la que lleva a las emociones del corazón.

Entrar en una misma es descubrir todo lo que un día dolió

y aún se encuentra agazapado en una esquina,

sin estorbar,

pero esperando olvido.

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Escribir escribe escribiendo

Escribir escribe

Escribir duele

porque connotan demasiado algunas palabras.

Escribir cura

porque acuna la tristeza.

 

Escribir condena

porque convierte en inmortales los recuerdos.

Escribir libera

porque deja que se escapen las emociones.

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Mañana será otro día

Hoy es domingo y,

como una costumbre,

me nacen letras haciendo actividades cotidianas.

No he dejado de escribir.

Las ideas, a veces, van tan rápidas

que no consigo recogerlas.

Otras, he escrito sobre cuadernos que guardan viejas historias.

Reviso las palabras y me gusta lo que escribo.

No me ocurre lo mismo con la persona que lo hace,

como si no reconociese a quien pretende inventar versos.

Aunque sepa exactamente de dónde surgen.

Y tampoco me guste.

Hay emociones a las que a una no le gustaría pasar ni de puntillas.

Y no es dolor, ni tristeza, ni pena, ni miedo, ni vacío…

No es nada de eso y es todo eso a la vez.

Hay dos mujeres en mí que escriben sin saber por qué ni para qué:

quizás encontrarse en un momento sin nombre;

tal vez huir a un futuro aún no inventado.

Acercarse. Alejarse.

Alejarse. Acercarse.

La de hoy siente que ha conquistado la serenidad

que hacía semanas que no la visitaba.

Pero mañana…Mañana será otra día.

Lluvia

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Llueve.
Lueve en las calles y se incendian.
Llueve en el mar y ruge.
Lueve sobre el cristal y me rompo.

Llueve.
Llueve sobre mi espalda.
Llueve bajo mis párpados.
Llueve y se me empapa el alma.

Cada gota me recuerda la distancia que nos separa,
en segundos,
y estoy a tantos días de ti
que no habrá verano que salve nuestra frialdad.

Cada gota me recuerda la distancia que nos separa,
en segundos,
y queda tan lejos el verano
que el invierno, aún por llegar, ya es insoportable.

Llueve.
LLueve en las flores y se marchitan.
Llueve en la vida y se frena.
Llueve bajo el cielo y solo cae soledad.

Llueve.
Llueve nostalgia sobre mis recuerdos.
Llueve tristeza en mis heridas.
Llueve y se me inunda el corazón.

Perdóname por desatarte la tormenta.
Perdóname por calarte hasta los huesos
de la historia que creí.

Perdóname por no saber parar este aguacero.
Perdóname por dejarme calar hasta los huesos
                                                                                      de ti.

Tiempo

Aún quedan sobre los cristales

las huellas de la tormenta.

Ha llovido sin tregua

y se ha inundado la casa de nostalgia.

La tarde agoniza entre nubes negras

y un ínfimo rayo de sol.

El tiempo nunca será nuestro aliado:

observo el reloj,

su tictac nos mueve la vida.

Presente, futuro, presente, futuro…

Pasado. Memoria. El caos.

La silueta de las manecillas me transportan a otra tarde.

El olor de café en la cocina,

el ruido de una calle,

una manta de lana en el sofá,

un bolígrafo a estrenar:

escribía unas palabras

que no consiguieron encontrar sentido.

Otra historia a medias,

otros labios huérfanos.

Un cuaderno en blanco.

Ahí sigue, sobre una mesa,

esperando el cuento,

quizá un drama,

tal vez un poema

que solo admita rimas en plural.

Presente, futuro, presente, futuro…

Pasado. Memoria. El caos.

Con los recuerdos, tiritan las páginas

como un cuerpo desnudo atravesado por el frío.

A ellas también las venció aquel invierno.

Fuera, sin embargo, apenas se insinúa el otoño.

Presente, futuro, presente, futuro…

Tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac.

Ocaso. Noche. Madrugada.

Y el mañana, siempre por llegar.